31 de julio de 2013

Mili regresa al juego





De niña  me decían “Mili”. Como es usual entre las familias, mis papis, tíos y  afines  redujeron a cuatro letras el segundo nombre con el que me bautizaron.  Supongo que les agradaba su tono, como cuando se pronuncia  tin tin o din don.  La verdad era dulce oír la voz de mi  abuelo Francisco preguntado dónde me escondía.  Pero uno quiere crecer y ese mini nombre era diminuto y fugaz,  lo pronunciaban tan rápido que sentía que se evaporaba como  un suspiro.

A  los  8 años decidí que prevaleciera “Claudia” sobre “Milenka”. Con los años me di cuenta que escogí un “denominativo generacional", es decir, un nombre que decenas de familias deciden colocar a sus  hijas al mismo tiempo. Como dato, cuando entré a la secundaria, en mi salón de clases  existía media docena de Claus. Para que las personas pudieran identificarme, mi nombre sufrió mutaciones. Tantas que en los últimos años de escuela  me decían  de cariño “Pata". Varias veces me preguntaron si me llamaba Patricia. Creo que algunas personas aún tienen dudas al respecto.

Hace algunos meses, una tía materna me dijo una y otra vez:  Mili, Mili, Mili. Me robó sonrisas esa rima infantil y  los recuerdos hicieron que trepara nuevamente los  roperos  y recorriera peligrosas aventuras al estilo Indiana Jones.  Volví a cazar huevos de avestruz imaginarios para no morir de hambre en el desierto y  construí un refugio  al pie de la que era mi cama. Siempre llevaba en los bolsillos palitos de helado para encender el fuego y un  trozo de tela sobre la cabeza, porque estaba segura que era una auténtica piel de tigre.

José Saramago escribió el epígrafe  “Siempre acabamos llegando a dónde nos esperan”. Creo que Mili siempre estuvo ahí esperando mi retorno. Ahora me suena a respiro, es ágil. Recorrí muchos caminos, deambulé por distintos oficios.  Siempre tuve sabor a indecisa, a demasiadas aficiones. Más de una vez  me apliqué lavado cerebral para asumir la lucha interna de  hacer esto y dejar de hacer aquello, para diferenciar trabajos de pasatiempos. Hoy es lindo compartirles que en los últimos meses todas mis aleatorias vocaciones están en  tiempos de paz.  Retomar mi nombre infantil, simple y sonoro, es afirmar que todos esos intereses hallaron un espacio  donde extenderse y complementarse. 

Vivo en un segundo piso, tiene un balcón para divisar el mundo y un árbol que abraza mi habitación.  Es un lugar donde abundan las letras,  los colores, los dibujos y  los garabatos; un sitio donde todos mis amigos imaginarios tienen cabida. Espero pronto contarles sus historias, aunque algunos son más tímidos que otros, tendremos que sacarlos de entre los libreros o simplemente esperarlos con un buen trozo de queso y una sonrisa. Otros están desesperados, llevan años gritándome al oído que quieren conocer  más personas, que ya se aburren hablando sólo conmigo. Esos harán lo que se les pegue la gana. Disculpas anticipadas por sus posibles comportamientos, pero sé que ustedes entenderán, casi todos son niños.  


¡A jugar!






2 comentarios:

Chrystal dijo...

Claudita pon la opción de seguidores para poder seguirte y tb suscríbete a adsense, así de paso ganas algunos centavos de dólar por las propagandas

Mili dijo...

Gracias, Cris! ASi lo haré un beso!